Ginny

Ginny es una cachorra-alfombra. Alfombra porque lo que más disfruta es la posición horizontal. Se pasa la mayor parte del día tumbada frente a la chimenea o pegada al cuerpo de Sammy, su mamá de acogida.

Es cruce de alguna raza PPP y eso, cuenta Sammy, le cuelga un sambenito que no merece. Esta adiestradora de Zarpas afirma que ni ella ni su hermano Harry (ya adoptado) han mostrado atisbo de agresividad. “Se parecen a Pizca y Nana, dos cachorros tipo labrador-golden que tuve en acogida”, dice Sammy. Ella lamenta las “dos condenas” de Harry y Ginny: su mezcla de razas y que son atigrados. “No se por qué, pero cuesta más encontrarles hogar a los atigrados, son como los gatos negros. Para mi son preciosos…”.

Y es que son unos bellezones. Pero no solo eso, son buenos hasta decir basta. “Son sociables con perros, con gatos, son súper cariñosos, buscan dar besos a todo el mundo. Fuimos al veterinario a ponerles la vacuna y todo el mundo se enamoró de ellos”.

Sammy no ha notado que tengan miedo ni respeto a nada y los ha llevado a Madrid (ella vive en un chalé en las afueras) a pasear sin que los coches y autobuses les hayan supuesto un problema. Al principio, cuando llegaron a su casa, tiraban de la correa, pero ya no lo hacen.

Los encontraron cuando tenían 5 mesecitos abandonados en una gasolinera y vivieron siempre juntos hasta que Harry fue adoptado. Ahora, Ginny se ha quedado esperando a que una familia le de una oportunidad a ella.

¿Qué tipo de familia necesitan? Según Sammy, no tiene que ser muy activa porque se conforman con salir dos veces al día y se quedan tranquilos. Además, el ir y venir de perros en casa de Sammy, que tiene dos perras y siempre un trajín de perretes entrando y saliendo, les ha convertido en todoterrenos.

“La gente se tiene que animar a verlos porque, comparados con otros perros, incluso de clientes, son muy nobles y muy buenos”, resume Sammy, que estará encantada de aconsejar a la familia que tenga la suerte de quedarse a Ginny. ¿Quieres ser tú quien de una oportunidad a esta joyita olvidada? Desde luego, ¡se la merecen!

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